ANTONIO RUIZ “EL CORCITO”
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El siglo XX fue uno de los más ricos en el desarrollo de la cultura y el arte mexicanos. Tras el movimiento armado de la Revolución Mexicana, la gran mayoría de los artistas volcaron su mirada hacia la historia y la cultura nacional, dejando de lado las influencias europeas y norteamericanas que habían prevalecido durante el Porfiriato. Los elementos que nos habían definido como nación serían los que ahora llenarían los lienzos y paredes en la pintura: los personajes de la Revolución serían inmortalizados no sólo en los anales de la historia, sino también en obras literarias, fotográficas y más tarde cinematográficas.
En medio de esta readaptación de la vida nacional surge el movimiento muralista, en el que incursionarían muchos artistas que habían adquirido su formación en la Academia de San Carlos, y que también habían estudiado en Europa e incluso habían sido partícipes en el desarrollo de las vanguardias artísticas europeas. Sin embargo, el muralismo les permitió tener un desarrollo y una propuesta estética propia y, aunque en su producción plástica se encuentra un buen número de obras de caballete, son más reconocidos por su practica en el muralismo. Aesta generación pertenecen artistas como Ramón Alva de la Canal, Fermín Revueltas, Jean Charlot y, por supuesto, aquellos a los que se les daría el sobrenombre de “Los tres grandes”: Orozco, Siqueiros y Rivera.
A la par surgieron muchos otros artistas que prefirieron mantenerse al margen del muralismo y trabajar formatos pequeños y medianos, como en el caso de Antonio Ruiz, pintor nacido en Texcoco, Estado de México en el año de 1892. Al igual que muchos de sus contemporáneos fue alumno de la Academia de San Carlos, teniendo como maestros a Germán Gedovius y Saturnino Herrán.
Es la influencia de la academia la que percibimos en sus trabajos realizados a partir de 1914 y que corresponden a su periodo de formación. En ellos vemos la constancia del artista que busca perfeccionar cada uno de los detalles de sus modelos; tenacidad que perduraría hasta el final de su vida y que se hace evidente en los dibujos previos a sus óleos.
En la producción plástica de “El Corcito” (como se le conocía), el espectador puede percibir la mirada incisiva del artista, no sólo desde el punto de vista plástico, sino desde aquel que se ha convertido en el cronista del diario acontecer de la vida mexicana… esa que transcurre por las calles de la ciudad y de la que este gran maestro dejó constancia en muchos de sus cuadros.
Antonio Ruiz incursionó en el mundo de la arquitectura, incluso antes de ingresar al de la pintura. Trabajó en el cine, en la elaboración de sets cinematográficos, y en el teatro, donde realizó decorados de escenografías y diseñó vestuarios para diversas producciones teatrales. Participó en varias exposiciones en México y el extranjero entre las que se encuentra la Exposición Internacional del Surrealismo, en donde su obra Malinche fue considerada dentro del realismo mágico. Aunque en su obra prevaleció el formato pequeño, también realizó algunos proyectos de obra mural. Es interesante seguir la vida y obra de Antonio Ruiz “El Corcito”, pues sólo así se entiende su versatilidad, su capacidad creativa e ingenio.
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