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Hacienda La Noria

Capilla de San Juan Evangelista

El Museo Dolores Olmedo ocupa lo que fuera el edificio de la Hacienda La Noria, cuyos orígenes datan del siglo XVI, aunque partes importantes se fueron agregando al conjunto durante los siglos XVII, XVIII y XX. La información registrada menciona que el uso original de ésta fue agrícola y que se conoció con el nombre de Rancho de San Juan La Noria. Destaca la Capilla de San Juan Evangelista Tzomolco, una pequeña construcción de uso doméstico, de la cual sólo se conserva la estructura arquitectónica, registrada como monumento histórico.

Respecto a la historia del lugar se sabe que durante la época prehispánica fue ocupado por un grupo xochimilca que le dio el nombre de Tzomolco, que en nahuatl significa cerro que se desgaja, asignado en función a la presencia del pequeño cerro en la parte posterior de la construcción. En el Tzomolco se realizaron varias ceremonias del Fuego Nuevo, un ritual prehispánico a celebrarse cada 52 años que festejaba el renacimiento del sol y la vida.

En cuanto a la hacienda, estaba constituida por una serie de edificios para llevar a cabo diferentes actividades: la habitación, administración, producción e instrucción; conociéndole en general al conjunto de todos estos espacios como el casco de la hacienda.

Dolores Olmedo compró el inmueble casi en ruinas en 1962 y dio cimentación a un gran proyecto para convertir este espacio, primero en su casa y después en un magnifico escaparate de la cultura mexicana. Al restaurar el casco de la hacienda y recuperar en gran parte su aspecto original, se logró revivir un ejemplo más de la arquitectura clásica, que se desarrolló durante la época colonial. Se conservó el sistema constructivo original con el que fue edificado el casco: techos de terrado y viguería, muros mixtos, pisos de duela y ladrillo, aplanados en muros y bóvedas, además de contrafuertes propios de la época, respetando también dentro de los acabados las portadas en fachada revocadas en cantera.

En la actualidad, el casco se encuentra rodeado de magníficos jardines que exhiben especies vegetales oriundas de México, donde conviven también diferentes animales como lo son pavos reales, gansos, patos, guajolotes y perros xoloitzcuintles.

El 17 de septiembre de 1994 se inauguró el Museo Dolores Olmedo, el cual es considerado un centro cultural y artístico de primer nivel internacional.

Capilla de San Juan Evangelista

The Dolores Olmedo Museum occupies the site corresponding to the original Hacienda La Noria, whose beginnings date from the Sixteenth Century, although several important additions were made during the Seventeenth, Eighteenth and Twentieth Centuries.  Local archives mention the agricultural applications of the original hacienda, known as Rancho de San Juan La Noria, designating especially the chapel consecrated to Saint John EvangelistTzomolco, initially a small construction for domestic use, of which only the shell remains, registered as an historical monument.

Little is known of the history of the site, except that during the Precolumbian period the land was occupied by a group of the Xochimilca tribe, who described it with the name Tzomolco,which in Nahuatl, the language adopted after the arrival of the Mexicas or Aztecs, meantCrumbling Hill, referring to the small hill located behind the present-day construction.  TheTzomolco was witness to several ceremonies having to do with the periodic celebration of renewal known as the New Fire, a Precolumbian ritual perpetuating the fifty-two year century, which rejoiced in the rebirth of the Sun and with its new cycle, in life itself.

As for the hacienda, it was made up of a number of independent constructions devoted to diverse activities: dwellings, administration, production and management of crops, and religious instruction.  The overall term applied to such a complex is the casco or “shell”, within which hacienda life transpires.

Dolores Olmedo purchased the ruined remains within the shell in 1962 and launched an ambitious project for the recovery and reconstitution of the hacienda, intended first as her residence and later as a showcase for her collections.  By the time of the restoration of the shell of the hacienda and the recovery of a good part of its original appearance, she had managed to revive a superb example of the typical architecture of New Spain during the Colonial period.  The original outline and characteristics of the design have been preserved: tile roofs, sturdy hand-hewn wooden beams, reinforced brick and stone walls, clay and wooden floors, stuccoed walls and vaulted ceilings, as well as the buttresses typically used at the time, the decorative detail in the portals and the façade outlined in quarried limestone.

The restored buildings are beautifully situated within the contours of spacious gardens, lavish with trees, bushes, plants and flowers, some of them species unique to the Xochimilco area, inhabited as well as by a number of migrant and resident water fowl, geese, ducks, peacocks, native turkeys and Mexican hairless Xoloitzcuintle dogs.

The Dolores Olmedo Museum was officially inaugurated on September 17, 1994.  It is considered a cultural center of prime importance and a world class museum.