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Pablo O’Higgins. Oficio gráfico

 

Para muchas personas es conocida la anécdota que narra cómo Pablo O’Higgins llegó a México invitado por Diego Rivera, para conocer el movimiento artístico que estaba surgiendo en el país. Evidentemente Rivera se refería al muralismo. Así, con apenas 20 años de edad, Pablo llegó a la casa de Rivera y se incorporó a su equipo de trabajo. Sin embargo, no pasaría mucho tiempo para que Pablo demostrara su calidad artística y para que desarrollara sus propias propuestas plásticas.

Pablo supo adaptarse a México, a su gente, al paisaje, a sus problemas sociales, a los movimientos artísticos e incluso al grupo de artistas que desarrolló nuevas tendencias en el arte. Fue miembro fundador de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios (LEAR) y del Taller de Gráfica Popular (TGP) y, desde sus filas, al igual que muchos otros artistas, supo expresar, a partir de su arte, un profundo sentido de crítica social.

La postura política, artística y social que O’Higgins adoptó, se hizo evidente en su obra mural, de caballete y gráfica, rechazando la “oficialidad” del muralismo.

Pablo O’Higgins. Oficio Gráfico, colección del Museo Dolores Olmedo, nos permite conocer algunos de los temas que ocuparon la mente del artista. Los desposeídos, los olvidados, los amigos, el trabajo urbano y rural, el paisaje mexicano e incluso María, su esposa, aparecen retratados en estas 30 litografías que, por azares del destino, permanecieron en el anonimato de una biblioteca por más de ocho años.

Quizá durante todo este tiempo—vale la pena decir que han transcurrido diecisiete años desde que Dolores Olmedo adquirió las litografías—, la única persona que recordaba y sabía de la existencia de esa colección en manos de “Lola” fue justo María O’Higgins, la eterna promotora de Pablo, quien, con motivo de esta exposición, nos trajo a cuenta una anécdota: “El día que la fui a visitar, me recibió en su recámara y extendió sobre su cama las litografías. Después mandó llamar a alguien de su equipo de trabajo para que las viera; esa persona argumentó que el museo no tenía dinero para hacer la adquisición. Sonriendo, Lola pidió su chequera personal y me las compró”.

Dolores Olmedo guardó para sí esta colección, entregándola en resguardo a sus bibliotecarios, quienes la clasificaron como uno más de sus libros. Así permanecería hasta el día de su muerte, cuando una segunda donación, realizada a través sus hijos, engrosó el patrimonio del Museo. Con gran orgullo, presentamos al público Pablo O’Higgins. Oficio Gráfico, uno más de los acervos del Museo Dolores Olmedo.

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