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Angelina Beloff, 140 años del nacimiento de una artista con profunda agudeza y sentido de observación

  • El Olmedo cuenta con 49 piezas en su acervo, entre las que se encuentran dibujo, grabado en madera, litografía, oleo y acuarela
  • A partir del martes 25 de junio, se podrá apreciar una muestra de las ilustraciones que la artista realizó para varios cuentos clásicos

Armonía así como equilibrio entre las formas y el color son cualidades que emana de la obra pictórica de Angelina Beloff, artista que representó fielmente los seres, las cosas y el paisaje que le rodearon en grabados, pinturas y dibujos.

Recordada en muchas ocasiones por la relación que mantuvo con Diego Rivera y por ser la madre del único hijo de ambos, Angelina Beloff construyó por merito propio una sólida producción artística.

Nació el 23 de junio de 1879 en San Petersburgo, Rusia, aunque su padre nunca alentó su inclinación artística porque deseaba que se dedicará a la medicina, Angelina Beloff inició sus estudios de pintura en una academia nocturna, a la par que tomaba clases de matemáticas y ciencias biológicas.

En 1904, ingresó a la Academia Imperial de las Artes de San Petersburgo y obtuvo un diploma que le confirió el derecho de impartir clases de dibujo. Sin embargo, siempre inquieta por aprender viajó en 1909 a París, Francia.

En la “Ciudad Luz” permaneció unos meses en la Academia de Henri Matisse, pero el estilo que se impartía en ésta no concordaba con  sus ideales artísticos, lo que la llevó a tomar lecciones con el pintor español Anglada Camarasa y paralelamente, aprendió grabado en metal y en madera.

Acompañada de María Blanchard, partió a Bélgica, en donde conoció a Diego Rivera con quien mantuvo una relación por más de 11 años. Asimismo, con el artista mexicano tuvo al único hijo de ambos, Miguel Ángel Diego, quien falleció a los 14 meses, debido al crudo invierno de 1917.

Más allá de la relación sentimental de Angelina Beloff con Diego Rivera, ella siempre se mantuvo activa con la pintura y el grabado, tanto en madera como en metal. Es así que, la biblioteca de Arte y Arqueología de París y el Museo de Le Havre adquirieron series de sus grabados. Además, participó en exposiciones colectivas e individuales en la Galería Nouvel Essor, La Dauphine, la Sociedad de Grabado Artístico y el Salón de los Independientes.

En 1921 termina su relación con Diego Rivera, quien había vuelto a México llamado por José Vasconcelos para trabajar en el movimiento que se estaba gestando: el muralismo.

A partir de esto, trabaja como restauradora durante siete años, y por las tardes, pinta y graba. En esta época varios editores le hacen el encargo de ilustrar libros de autores franceses como André Maurois, una edición completa de Moliére, la edición del tricentenario de los cuentos de Perrault, entre otros.

En 1932, recibió una invitación para venir a México, país donde radicará hasta su muerte, acaecida en 1969. Durante el tiempo que vivió en el país siguió trabajando como docente además de continuar dibujando e ilustrando, empezó un proyecto educativo con el teatro guiñol, tema sobre el que publicó un libro en 1939 y que la llevó a trabajar en la Sección de Teatro del Departamento de Bellas Artes.

Nunca abandonó la pintura, por ello en 1967, el Instituto Nacional de Bellas Artes le dedicó una exposición-homenaje en la cual se presentaron 200 obras suyas.

El Olmedo preserva una parte del legado de Angelina Beloff, resguardando  49 de sus obras, en diversas técnicas como dibujo, grabado en madera, oleo, litografía y acuarela. Asimismo, su imagen perdura en los retratos que le realizó Diego Rivera, entre los que destaca el de 1918 que la presenta con una figura serena y etérea, haciendo una referencia a la Maja Vestida, de Goya.

A partir del martes 25 de junio, El Olmedo presentará una exposición con ilustraciones que Angelina Beloff realizó para varios cuentos clásicos, entre ellos El soldadito de plomo, de Hans Christian Andersen.

Inés Amor escribió sobre Angelina Beloff:

“Con entrañable amor por su profesión, interesada en todo lo que la rodea, Angelina ha pintado de México todo: sus gentes, su paisaje, sus flores, sus juguetes y hasta sus absurdos”.

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